La imagen en pie

Podríamos afirmar que la idea de verticalidad atraviesa buena parte de esta exposición: se alza en los formatos, impulsa los cuerpos que saltan, aparece en las palmeras y organiza muchos de los formatos. Desde esa línea –y desde el hueco de un álbum familiar hasta el flujo de imágenes del teléfono–, los proyectos seleccionados para la exposición de Artes Plásticas del Festival Estrenarte 2026 exploran cómo se construyen las imágenes, qué dejan fuera y cómo las transforman la memoria, el tiempo y la materia.
En un primer nodo, que podríamos llamar Lo que deja huella Lo que deja huella, la memoria y la ausencia toman cuerpo. Los relieves murales de Ana Conde convierten en forma los huecos de un álbum familiar, ya que el archivo cuenta también lo que falta. Andrea Melgarejo vuelve sobre meras fotografías familiares que el flash y la sobreexposición hacen aparecer y, a la vez, velan. En Dolor, Yoseli Sabrina Rosa Olguín se sirve de un bulbo de fresia para narrar el traumático episodio de la vida de su madre relacionado con sucesivas pérdidas. La memoria íntima se construye aquí con rastros, omisiones y gestos transmitidos generacionalmente.
Un segundo nodo trenzado con reglas, pantallas y ficciones al que llamaremos Imágenes en juego Imágenes en juego agrupa las propuestas de Ana Mesa del Castillo, que pone el azar al servicio de la pintura en un sutil homenaje a los surrealista; de Javier Cruzado, que transforma el juego en cuerpos que saltan y quedan suspendidos en el aire, reivindicándolo; y de Paula Rubio Suárez, que traslada capturas de pantalla al lienzo vertical, deteniéndose en los fallos de la imagen digital. También en vertical, Nicole Andrea Hernández Núñez pinta capturas de vídeos de IA con bebés, convirtiendo su ternura sintética en inquietud, mientras que en, Eugenesia Lorenzo Martínez Zamora imagina un futuro distópico en el que los bebés se ofrecen a la venta en un escaparate.
Por último, cerramos con el nodo Materia en movimiento Materia en movimiento, que hace de la verticalidad su razón de ser. En las pinturas de María Moncayo, las palmeras se alzan mientras el viento altera las superficies y desplaza los tejidos. Marina Martínez Contreras dispone sus obras unas sobre otras, convirtiendo la verticalidad en un recorrido junto al agua que se completa con el movimiento de quien mira. Paula Ciani, por su parte, remite también a lo órganico o natural, pero de forma mucho más agresiva, al reunir fragmentos cerámicos en una superficie amenazada por un proceso biológico –organismos que se alimentan de este material– que puede hacerlos desaparecer. Viento, agua y bacterias hacen de la sutileza y fragilidad natural algo que transforma el tiempo.
En conjunto, estas propuestas dibujan una creación joven que vuelve sobre lo heredado, pone en duda las imágenes que nos rodean y atiende a la fragilidad de la materia. En medio de ese movimiento, la imagen se mantiene en pie: lugar de encuentro entre memoria, juego y materia, y una forma de tomar posición ante el presente.
Artes plásticas
Ana Conde Herrera
Ana Mesa del Castillo
Andrea Melgarejo
Javier Cruzado
Lorenzo Martínez Zamora
María Moncayo
Marina Martínez Contreras
Nicole Andrea Hernández Núñez
Paula Ciani
Paula Rubio Suárez
Yoseli Sabrina Rosa Olguín
Fotografía
Chemi Ros
Neo Ekai
María José Gomariz
Patricia Gil
