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Exposición Artes Visuales

Tecnologías sensibles.
Cuerpos y dispositivos: la
construcción de lo humano.

Exposición artes visuales
Comisariado por Tatiana Abellán

Durante décadas, buena parte del debate sobre arte y tecnología ha girado en torno a las posibilidades que los –mal llamados– nuevos medios ofrecen a la creación artística. Sin embargo, es el momento de invertir la pregunta: más que interrogarnos sobre qué tipo de cosas hacen los artistas con las tecnologías, convendría preguntarnos qué están haciendo éstas con nosotros. Cómo modifican nuestra percepción, organizan nuestros recuerdos, condicionan las relaciones y participan, en definitiva, de nuestra propia construcción como sujetos. Sin duda, Juan Martín Prada fue de los primeros en insistir en esa capacidad del arte para hacer visibles los mecanismos de unos sistemas tecnológicos cuya influencia ya no puede pasar inadvertida. Las propuestas seleccionadas para la exposición de Artes Visuales del Festival Estrenarte 2026, a pesar de su heterogeneidad, se sitúan en ese territorio de fronteras difusas entre naturaleza y artificio, cuerpos y dispositivos, en la que constatamos una sorprendentemente tímida presencia de la inteligencia artificial.

Un primer nodo, que podríamos llamar La naturaleza inventada, reúne las propuestas de María Bernal Caballero, Elena Peláez y Marc Mateos Monteagudo, cuyos trabajos exploran las relaciones entre naturaleza, artificio y memoria. En Me regalaron flores, María Bernal parte de un gesto cotidiano, el de regalar flores, para reflexionar sobre el recuerdo y su inevitable desgaste o desaparición, de ahí que la pieza que cierra la instalación evoque un columbario resignado, ya sin flores. También las flores protagonizan The flowers are burning, de Marc Mateos, donde las imágenes generadas mediante inteligencia artificial conviven con restos vegetales, planteando una memoria que duda, que se reconstruye artificialmente mientras aquello que pretende conservar se esfuma. Elena Peláez, por su parte, introduce otra dimensión de estas relaciones en Mitologías aéreas, donde la arquitectura se aproxima al cuerpo mediante estructuras, bordados y dispositivos que funcionan como una suerte de infraestructura afectiva del aire. Comprobamos así, que la tecnología no se opone a lo orgánico, sino que permite imaginar otras formas de permanencia y vínculo con lo ausente o difícilmente percibible.

Un segundo nodo, La medida de lo intangible, reúne las propuestas de Helena García Pinar, Indira Bernal y Jesús Romero Toribio alrededor de una cuestión compartida: cómo las imágenes, los dispositivos y los sistemas de conocimiento condicionan nuestra manera de interpretar el mundo. En This is going to hurt, Helena recupera una estética vinculada a los primeros entornos digitales, con geometrías poligonales, espacios liminales y referencias visuales a los años noventa. Sus imágenes, familiares y radicalmente extrañas al mismo tiempo, expresan cierta melancolía ante las tecnologías obsoletas y evocan una experiencia contemporánea marcada por el aislamiento y la artificialidad del contacto. En una dirección aparentemente opuesta, Indira encuentra en un cuaderno manuscrito de su propia abuela el punto de partida de Cómo curar una pena, una investigación sobre remedios populares, supersticiones y rituales esotéricos transmitidos entre generaciones que, más allá de su eficacia, revelan valiosas formas de cuidado familiar amenazadas. Como contrapunto irónico, Jesús Romero traslada la reflexión al presente con Cringe Machine, una instalación interactiva que, al prometer medir la vergüenza ajena que provoca una persona o un objeto y convertir así una reacción subjetiva y socialmente condicionada en un supuesto dato objetivo, cuestiona nuestra confianza en la capacidad de las máquinas para interpretar comportamientos y emociones. La interfaz pierde así su apariencia de neutralidad y deja al descubierto los prejuicios o convenciones que pueden esconderse tras cualquier sistema de clasificación.

Por último, el recorrido desemboca en la sala negra, que acoge La piel que nos separa, un conjunto de propuestas que requieren una iluminación tenue y desplazan la atención hacia la dimensión más íntima, fisiológica y sensual del cuerpo. En Una caricia expandida, Mamen Carrillo parte de la separación física del ser amado y la consiguiente dependencia de las interfaces para mantener los vínculos afectivos. La respiración de una pareja, sus sincronías y desajustes, se convierte en el fundamento de una instalación que interroga la posibilidad de reproducir tecnológicamente la cercanía y, especialmente, el (con)tacto. Candela Carrillo, performa otro tipo de autocaricia en Algo que apenas queda, que concibe la piel como una superficie simbólica que nos delimita y, al mismo tiempo, nos vincula con el mundo. Al frotar sobre su propio cuerpo una pastilla de jabón con la palabra piel inscrita, la artista activa una paradoja: el contacto que debería limpiar la piel termina borrando su propia representación escrita, desdibujando sus límites mediante el roce. Por su parte, Iván Arana explora en Átame de nuevo las relaciones entre deseo y sexualidad mediante objetos y estructuras que remiten tanto a la presencia como a la sujeción del cuerpo, particularmente del cuerpo transmasculino. Las tres propuestas abordan, desde experiencias muy diferentes, la tensión entre proximidad y distancia, entre el deseo de contacto y la vulnerabilidad que este conlleva. Cuerpos y dispositivos confluyen así en un espacio donde la tecnología, lejos de desaparecer, participa de una exploración de los límites del cuerpo, de su capacidad para sentir y de su exposición al deseo y a la pérdida.

El recorrido propone, en definitiva, un desplazamiento de las imágenes a los cuerpos, de la representación a la experiencia sensible. Estas obras no se limitan a explorar las posibilidades expresivas de la tecnología, sino que interrogan su papel en la construcción de nuestra propia subjetividad, retomando así la pregunta que abría la exposición. Más allá de la diversidad de medios empleados, su interés reside en la capacidad de convertir esas inquietudes en propuestas artísticas singulares, donde la experimentación formal se acompaña de una reflexión crítica sobre el presente. Una combinación de madurez conceptual, audacia formal y sensibilidad crítica que no solo da cuenta de la vitalidad de la joven escena artística murciana, sino que permite reconocer en ella una parte significativa del presente –y no únicamente del futuro– de la creación contemporánea.

Artes visuales

Candela Carrillo

Santos Elena Peláez

Helena García Pinar

Mamen Carrillo Martínez

Marc Mateos Monteagudo

Indira Bernal Martínez

Jesús Romero Toribio

Iván Hernández Arana

María Bernal Caballero